jueves 24 de septiembre de 2009

He vuelto.




Estoy sentado en mi escritorio, consultando las noticias en la web, mientras escucho música. A través de la ventana entra el sonido de los automóviles. Un rayo de luz proveniente de la luna llena que acaba de emerger entre las nubes, hace acto de presencia e inunda mi pequeño cubículo.


Noto como los tendones de mis manos se tensan y cada vez me cuesta mas manejar el ratón de mi ordenador. Un escalofrío recorre mi espalda y docenas de gotas de sudor perlan mi frente y colman mi cuerpo, pugnando por derramarse por doquier.


El silencio llena mi cerebro y lo colapsa, haciendo que mi respiración vaya in crescendo.


Entre jadeos y aguijonazos de dolor me pongo en pié y arraso todo lo que hay a mi alcance. Las hojas revolotean mientras el ordenador estalla en mil pedazos contra la pared.


Encogido, de rodillas aprieto los puños y las uñas se clavan en la carne, notando la calidez de la sangre brotar de las heridas, chorreando y contrastando con la blancura de los nudillos. Intento resistirme pero es inútil.


Trato de dejar la mente en blanco y no pensar, pero el silencio lo colma todo y no deja espacio para nada mas.


Las fibras de algodón de mi camiseta se tensan y se desgarran cual papel de fumar mientras un bello negro e hirsuto como el acero comienza a surgir por cada poro de mi piel.


Esa sensación vuelve a producirse, corred, no se cuanto tiempo podré seguir siendo yo...


Pero...


¿Quién soy yo?...


¿La bestia que resurge o el humano que intenta inútilmente de frenar el crecimiento de sus fauces?...


Eso ahora da igual.


Ahora lo único que importa es que corréis peligro y mas vale que corráis a esconderos, porque he vuelto.